#LaBrújula: Orientación Vocacional y Profesional

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domingo, 10 de abril de 2016

7 recomendaciones para los nuevos, inexpertos e indefensos del mundo profesional


“Esta entrada es para los nuevos, inexpertos e indefensos que  pronto saldrán del colegio, los que inician su primer semestre, esos que están buscando donde hacer una practica universitaria o que van tras su primer empleo". 
Si conoces a alguno, comparte con ellos.


Algunos han tenido el privilegio de contar con guardias de la vida, personas que ya cruzaron el puente y te advierten cual es la tablita floja y que por nada del mundo debes mirar hacia abajo. Otros como yo, hemos tenido que pasar solos, no sólo una vez, sino dos, porque la primera vez nos devolvimos.

Suele suceder que la ilusión de los años mosos nos hacen creer que no hay peligro y la terquedad muchas veces nos lleva por un camino sin salida. Por eso te hago estas recomendaciones:

1. No dejes para después: Ahora que estas en el bachiller, realiza esos cursos básicos (idiomas, informática, administración). Luego, ya no tendrás tiempo, no vas a querer o va a ser muy tarde. Lo que vayas a aprender, hazlo ya.

2. Aprovecha cada oportunidad: Ya sea viajar, dedicarte a un proyecto diferente, ayudar en algún negocio… no importa en qué paquete llegue, pero si la oportunidad toco a tu puerta, no tengas miedo de arriesgarte y de intentarlo por no saber cómo hacerlo. A un inexperto se le da tiempo para aprender y a un indefenso se le defiende, estas en tu mejor momento, aprovéchalo.

3. Resiste la presión: No nos preparamos para los cambios y cuando creemos estarlo, resulta que no es lo suficiente. Salir del colegio, pasar al mundo profesional, especializarte y trabajar son presiones fuera de tu zona de confort, resiste. Escoge ser fuerte, adáptate y no huyas por la primera puerta abierta que veas. Si quieres crecer, tienes que permanecer. 

4. Haz amigos por dondequiera: Las relaciones ahora son diferentes, ya no verás todos los días a los mismos. Aprenderás nombres diferentes, escucharás otras ideas y te sorprenderás con otros mundos. Firme y convencido de quién eres, sé amigo de todos, deja huellas por donde quiera que pases. Al final, tendrás un buzón lleno de cartas de recomendaciones o una Fanpage oficial.

5. Desde el principio hazlo bien: Desde el primer semestre se ejemplo de excelencia. La primera práctica de trabajo determinará tu posición final en el mundo laboral. Hazte sentir y unos años después, tendrás más oportunidades de empleo y bendiciones que cualquier experto.

6. Piensa en lo mejor y prepárate para lo peor: Pinta el cuadro de tus sueños y no te olvides de él, vas en busca de ellos y no los puedes perder. Pero no todo en la vida rima, encontrarás desafines y momentos difíciles. Prepárate para enfrentar trasnoches, jefes tiranos, compañeros envidiosos, maestros pesimistas, falsas amistades y crisis de todo tipo. Si piensas en lo mejor estarás preparado para lo peor.

7. No digas todo lo que sabes: Inocentemente expresamos nuestras ideas y conocimientos esperando recibir halagos o atención. Más tarde, perdemos las ideas y poco a poco ganamos decepción. Espera el momento, el lugar y la persona ideal para decir lo que sabes. Quizás, en la espera, hasta te des cuenta de que en realidad aún no sabes lo que crees que sabes.  

Todos andamos por caminos diferentes y aprendemos de formas diferentes, pero considero que estas recomendaciones se aplican en todos los casos. Especialmente, para aquellos que les ha tocado salir solos y aunque tienen mucha gente a su lado o un celular inteligente en sus manos, no saben a qué se van a enfrentar y tienen miedo de preguntar.

Deseo, para esos nuevos, inexpertos e indefensos jóvenes que van a entrar o ya entraron en el mundo profesional, que sean competentemente bendecidos. 

Si tienes alguna recomendación, deja tu comentario. 

Gracias! 




jueves, 18 de febrero de 2016

Superando Miedos



Recibí una carta el año pasado, en ella, una amiga me motivo a probar, usar y ver todo lo que pudiera. Me animo a explorar y a no tener miedo de los cambios, de lo que podía llegar a vivir, si me atrevía. Leí la carta a 30 mil pies de altura e iba a rumbo a lo inesperado. En ese momento, decidí superar mis miedos.

Recordé la carta frente a un tobogán de 96 metros de largo, destapado y a una altura de casi tres pisos. Respire profundo y salte. Mis pensamientos convencieron a mi miedo a las alturas. -“Si tus animales preferidos son aquellos que vuelan, si tu deseo mágico es tener alas y en tus charlas motivadoras inspiras a otros a intentarlo y superarse, ¿por qué no lo intentas tú? atrévete, lánzate, ¡vuela!”.  

Había olvidado la sensación de temor, los rápidos latidos de mi corazón y los nervios de punta, hasta que me enfrente una vez más a las alturas de la vida. Cuando te presentan un proyecto, se abre una oportunidad de empleo, piensas continuar tus estudios o cuando te decides a terminar una relación, se siente lo mismo. Es como si la vida te elevará a la cima de una montaña y sientes que tus pies se suspenden en el vacío. No hay de donde sostenerse, nada es seguro pero tienes que tomar la decisión de lanzarte.

Para disfrutar la vista panorámica de una ciudad nocturna e iluminada tuve que  subir a una altura de 48 pisos, para experimentar una sensación extrema me atreví a probar una atracción mecánica de 38 metros de altura, que equivale a lanzarse desde la terraza de un edificio de 15 pisos. Alcanzando los 76 kilómetros por hora antes de llegar a una zona de frenado magnético.

Para reír, disfrutar, crecer y sentir tenemos que enfrentar nuestros miedos. 

Cada vez que estaba a punto de elevarme y superarme, imaginaba lo peor, sin embargo, sucedía todo lo contrario. Sentía libertad, espacio y aire suficiente, tenía una vista más clara y un profundo sentimiento de satisfacción.

Ya lo había leído en un articulo del Rincón de la psicología: "A medida que crecemos el listado de las cosas que nos atemorizan aumenta. Nos dejan de dar miedo los monstruos debajo de la cama y en el armario pero toman su lugar monstruos aún peores, que nos paralizan, como el miedo al fracaso. Por eso, un excelente ejercicio consiste en elegir alguna de las cosas que más nos atemorizan y atrevernos a hacerlas. Enfrentar nuestros miedos y darnos cuenta de que la mayoría de ellos son infundados nos da una sensación de empoderamiento increíble que nunca antes habíamos experimentado. En ese momento te das cuenta de que los verdaderos límites están en tu mente, no en el mundo".

Detrás de eso que temes existe una posibilidad de algo mejor. Más allá de tus pensamientos negativos abundan bendiciones para ti, a pesar de los rápidos latidos de tu corazón, un segundo después, experimentarás la paz interior.

Me despido con Jorge Bucay y su cuento "animarse a volar".

...Y cuando se hizo grande, su padre le dijo: 
-Hijo mío, no todos nacen con alas. Y si bien es cierto que no tienes obligación de volar, 
opino que sería penoso que te limitaras a caminar teniendo las alas que el buen Dios te ha dado.

-Pero yo no sé volar – contestó el hijo.
-Ven – dijo el padre.

Lo tomó de la mano y caminando lo llevó al borde del abismo en la montaña. 
-Ves hijo, este es el vacío. Cuando quieras podrás volar. Sólo debes pararte aquí, respirar profundo,
y saltar al abismo. Una vez en el aire extenderás las alas y volarás... 
El hijo dudó.
-¿Y si me caigo? 
-Aunque te caigas no morirás, sólo algunos machucones que harán más fuerte para el siguiente intento –contestó el padre.

El hijo volvió al pueblo, a sus amigos, a sus pares, a sus compañeros con los que había caminado toda su vida.
Los más pequeños de mente dijeron:
-¿Estás loco? 
-¿Para qué? 
-Tu padre está delirando... 
-¿Qué vas a buscar volando? 
-¿Por qué no te dejas de pavadas? 
-Y además, ¿quién necesita? 

Los más lúcidos también sentían miedo:
-¿Será cierto? 
-¿No será peligroso?
-¿Por qué no empiezas despacio? 
-En todo caso, prueba tirarte desde una escalera.
-...O desde la copa de un árbol, pero... ¿desde la cima? 

El joven escuchó el consejo de quienes lo querían.
Subió a la copa de un árbol y con coraje saltó... 
Desplegó sus alas. 
Las agitó en el aire con todas sus fuerzas... pero igual... se precipitó a tierra.

.. Con un gran chichón en la frente se cruzó con su padre: 
-¡Me mentiste! No puedo volar. Probé, y ¡mira el golpe que me di!. No soy como tú. Mis alas son de adorno...– lloriqueó. 
-Hijo mío – dijo el padre – Para volar hay que crear el espacio de aire libre necesario para que las alas se desplieguen. 
Es como tirarse en un paracaídas... necesitas cierta altura antes de saltar. 

Para aprender a volar siempre hay que empezar corriendo un riesgo.

Si uno no quiere correr riesgos, lo mejor será resignarse y seguir caminando como siempre.


¡Deseo que sean Competentemente Bendecidos! 

jueves, 3 de diciembre de 2015

Monserrate: el sendero de la vida

“No es más quién más alto llega, sino aquel que influenciado por la belleza que le envuelve, más intensamente siente” 
Maurice Herzog



Ya a las cinco de la mañana íbamos en el colectivo camino a la calle 13. Treinta minutos después una carrera inesperada destapo mis pulmones. Respiraba con dificultad, el aire estaba muy frio, pero trate de seguir el ritmo para librarnos de los gamines (delincuentes) e indigentes del lugar. Cuadras después nos empezamos acercar al cerro de Monserrate. Se veía imponente, disimulaba su altura pero no su belleza y verdor. Pasamos la Universidad de los Andes (la única universidad colombiana dentro de las 300 mejores del mundo), el museo quinta de Bolívar y al fin, nos encontramos frente a las escaleras del largo camino a la cima del cerro de Monserrate.

Niños, jóvenes, adultos, ancianos, deportistas, gente común, bogotanos, extranjeros… todos muy frescos iniciaban el recorrido. Sin embargo, yo ya me sentía cansada. La carrera por los gamines me había despertado de mala manera y tenía una idea errada del sendero, pensaba: -será fácil, hay hartos (muchos) niños y ancianos, si ellos pueden, yo lo subiré rápidamente. Así comienzan las lecciones que me dejo Monserrate. En el primer intento, los primeros años de vida, el primer trabajo, el primer semestre de clases…la primera vez solemos tener una idea, una ilusión del sendero de la vida que años después se aclara y nos permite ver la realidad.



A penas pase el punto de registro me derrumbe mentalmente. Frente al mural de paradas me vi solo yo y el largo e inclinado camino.  9 paradas, 2350 – 2500 metros de altura, suspire y decidí  ascender como caracolante el condor, disfrutaría del camino y trataría de ver ciertos detalles. Me inspire con frases, yo misma me alimente de ánimo y cada vez que llegaba a una parada mi sueño de verme en la cima me fortalecía. Recordé que la lucha en la carrera de la vida no es de rapidez sino de resistencia, así que, me olvide del reloj y del tiempo. Disfrute de la vista, de las rocas, las flores amarillas y rojas, los grandes y bellos pinos, el cantar de los pájaros y el caminar de los transeúntes.

Te lo recomiendo, en el trabajo, en tus estudios, en la vida, la mejor manera de ascender es olvidando un poco la presión del tiempo y avanzar decididamente pero con la paz de Dios que sobre pasa todo entendimiento.
En el camino percibí el propósito de los que subían: para algunos romper un record o presumir de su altura pero para otros su propósito era compartir, animarse y al son de la música sonreír. Entre tantos para algunos elevarse era una pesada y prometedora responsabilidad pues en sus brazos, a su lado o en sus hombros cargaban un hijo.  Para ellos llegar se coronaba con el compromiso de hacerlo en familia. Y sin duda alguna, disfrutar de la bella vista de la ciudad de Bogotá era un motivo para todos.

En la subida un tono de fondo nos acompaño todo el camino. Era el eco de aquellos que se esforzaban por ascender, ese sonido de respiración profunda, constante y agitada. Comprendí que quienes trabajan para alcanzar sus sueños llevan un ritmo constante y su propia melodía. Activan la circulación y siente el rápido palpitar del corazón, los sudores y dolores del sacrificio. Viven emociones, caen pero se levantan para seguir adelante.


Otra curiosa realidad del cerro, es que en su ruta existen dos paradas: hidratación y distracción. Las primeras son puntos de ventas de líquidos para hidratarse y continuar. Las segundas son descansos planos de venta de comida. Ofrecen cómodos asientos, comida de todo tipo y hasta música para olvidar el trajín del camino hacia la cima. Distracciones que te detienen y hasta te pueden sacar de ruta. En la vida pasa igual.

Trate de no distraerme, no preste atención a las ofertas y continué hasta el falso túnel. Una parte del camino a 1480 metros de altura. Fue decorado por caminantes con sus nombres y promesas de amor y amistad por siempre. Es estrecho y de varios escalones cortos y continuos. Destila cierto olor y ese domingo había muestras de que un caballo había pasado. Me anime con los mensajes en la pared y proseguí. De hecho, las señales del camino advertían con no detenerse en el falso túnel. Por ser angosto, detenerse impediría el paso de otros y  por ser falso detenerse resultaría en un engaño y pérdida de tiempo. Ante los falsos túneles de la vida personal, laboral o profesional: ¡No te detengas, camina solo un poco más!




Minutos después alce la vista y visualice “La Basílica Santuario del Señor Caído de Monserrate”. Desde la ciudad ya había visto de lejos aquella iglesia blanca, no podía creer lo cerca que me encontraba ahora. En sus alrededores estaban descansando los caminantes que ya habían llegado. Saludaban levantando sus manos para que sus compañeros los ubicarán. Allí vi a mi familia que sonrientemente me esperaba.


Recorrimos la cima, un paraíso. La altura permitía ver ampliamente la ciudad, las torres y el pico del nevado del Ruiz. Algunos ya se preparaban para descender con inolvidables lecciones aprendidas. Todos los que suben una cima en la vida, saben que no se puede esperar mucho tiempo para seguir.



Descendimos en tres minutos y medio por el funicular. Rápidamente estaba una vez más en mi punto de partida. Fue divertido pero no sentí nada más. Lo rápido y lo que no requiere esfuerzo no te brinda lecciones ni emociones verdaderas.


 Subí con un pensamiento, baje con otros, diferente y más decidida a hacer realidad mis sueños.

PD: Cualquier camino que transites o montaña que escales puede ser una inspiración para que alcanzar tus metas. No dejes pasar el momento, comparte en un comentario tu experiencia. ¡Gracias!


“El camino hacia la cima es, como la marcha hacia uno mismo, una ruta en solitario” Alessandro Gogna





martes, 1 de septiembre de 2015

Convencida de que escogí la carrera correcta

“La persona que disfruta lo que hace, siempre está de vacaciones”  


No importa la cantidad de información, de opiniones o evidencias que tengamos a nuestra disposición, tomar una decisión implica un grado de incertidumbre y ansiedad que no se calma hasta ver los resultados.

Así que, después de tomar la decisión de estudiar administración de empresas mención recursos humanos, poco a poco me convencí que escogí la carrera correcta. He aquí las razones:

1.     Entusiasmo: El primer día estaba animada y dispuesta afrontar el desafío. Me convencí de la veracidad de mi ánimo porque cuatro años después seguía sintiendo lo mismo. Aun cuando pase por asignaturas difíciles, profesores enredados y momentos tensos, mi entusiasmo siguió vivo. Supere la prueba del tiempo y no hubo evidencia de arrepentimiento.

2.      Gozo: Disfrute el camino recorrido, sin embargo, la alegría que me convenció de mi elección la experimente al dar el discurso de grado en la graduación. En ese momento sentí el gozo de haberme convertido en una administradora de los recursos humanos.

3.     Recuerdos: Te das cuenta que has amado porque el recuerdo de lo amado no se pierde, no se borra, no te deja. Pues, recuerdo tanto mis años de estudio, mis compañeros, mis maestros, mis apuntes (algunos aún los conservo) y cada vez que me recuerdo me convenzo de mi elección.

4.     Admiración: Mientras más leía, investigaba y descubría un proceso, un método, una teoría más me sorprendía y deleitaba. Más quería saber y cada vez más, me convencía de mi carrera. 

5.     Visión: Mi carrera le dio color a mi futuro, me dio razones para crear proyectos. Me imagine con ella en el tiempo y me gustaba lo que veía. Además muchas veces encontré parte de mí en ella. He llegado a sentir que fuimos hechas la una para la otra. 

6.     Eficiencia: Cuando tuve la oportunidad de trabajar en mi área por primera vez, no me aburrí ni entristecí, de hecho, me sentí satisfecha. Sentí que mis habilidades e intereses se complementaban con mis funciones. Podría disfrutar varios años haciendo aquello por ocho horas seis días a la semana.


Por estas y otras razones, estoy convencida de que escogí la carrera correcta. ¿Y tú, estas convencido de que elegiste la carrera correcta? Deja tu comentario.